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  Inicio arrow Informe presidencial agosto 2006 arrow Analisis: Bolivia es multiétnica y pluricultural

 

Bolivia es multiétnica y pluricultural

 

Xavier Albó

Por tanto, sus instituciones y servidores deben ser profundamente interculturales y el Estado, debe ser plurinacional. La estructura monocultural que, desde su creación, tiene el Estado-Nación boliviana tiene que cambiar por otra profundamente intercultural.

 

 


 

No es ésta una cualidad de sólo los sectores indígenas para que se acerquen más a la sociedad dominante ni viceversa. Es un elemento esencial de todo el Estado boliviano. Si nuestra sociedad es de hecho “multiétnica y pluricultural” se explica que, por fin, también el art. 1º de la Constitución defina también así al Estado Boliviano. No es ya un obstáculo sino una oportunidad.

Image Pero, para que así ocurra, más allá de la retórica, es indispensable que todo el aparato estatal lo asuma. En lo inmediato, implica que éste y sus diversas instituciones y niveles tienen que ser capaces de reconocer tal pluralidad. Tanto éstas como sus servidores deben tener una estructura y destrezas tan interculturales que todos –en medio de nuestras múltiples identidades y culturas– nos sintamos bien y en casa propia cuando necesitemos sus servicios, sin que el Estado trate mejor ni peor a nadie por ser “distinto”.


Un paso más. Si esta pluralidad es una oportunidad, hay que apuntar además a que todos tomemos conciencia de que esta diversidad de identidades y culturas es la raíz y fuerza de nuestra común identidad boliviana. Es decir, que la Nación[-Estado] boliviana es lo que es gracias a que es un sólido instrumento común que permite y facilita a cada uno de nuestros pueblos –sea o no originario– expresarse y desarrollarse como tal, conviviendo unos con otros y aprendiendo todos de todos. Es decir, el Estado-Nación boliviano es tal porque es además un Estado plurinacional, en el que todos, en nuestras diferencias, nos sentimos iguales y del que todos nos sentimos orgullosos.


Este es el primer y gran sueño fundante con el que debemos entrar en la Asamblea Constituyente. El actual art. 1º es un buen punto de partida. Queda pendiente la magna tarea de ir superando por fin el persistente lastre neocolonial y monocultural de toda nuestra estructuración jurídica y, de ahí, de toda nuestra práctica cotidiana. Se acabaron los “mono” y llegó el tiempo de lo pluri- y lo inter-

Ya no cabe un Estado monocultural

El censo 2001 abrió nuestra conciencia colectiva al hecho de que un 31% de los ciudadanos bolivianos se siguen auto-identificando como quechuas, un 25% como aymaras y un 6% como miembros de otros 31 pueblos minoritarios, mayormente orientales, total 62%; todos ellos reflejan nuestras raíces más profundas en la historia y son además la gran mayoría en los municipios andinos (mapa 1) y más del 50% en bastantes de tierras bajas (mapa 2). A ellos se suma el otro 38% que reflejan los injertos recibidos más tarde desde otras latitudes, sean los descendientes de los colonizadores europeos o de trabajadores forzosos expatriados del África. Transcurridos ya 500 años, unos y otros conformamos una Bolivia y, de manera creciente, sentimos la urgencia de que nuestro país se asiente sobre esas bases más sólidas para que todos nos sintamos en casa a pie de igualdad. A la luz de esta realidad tan plural el Estado monocultural ya no va ni puede ir, en ningún sentido, por excluyente.

...ni siquiera diluido en lo mestizo

Algunos objetan que en realidad la condición común y prevalente es que somos mestizos y, por tanto, no hay razón para echar por la borda aquel  “estado mestizo” propuesto por el MNR desde 1952. Mi respuesta es no, al menos en la forma que entonces se planteó, desconociendo las múltiples identidades originarias. Aquella propuesta tuvo el mérito de dar por primera vez a todos los bolivianos, ricos y pobres, indios y criollos, desde la puna al trópico, el sentido de pertenencia a la Nación. Pero tuvo también el gran “pero” de seguir siendo monocultural, con el espejismo de una Bolivia europeizada.


Los cinco informes de Auditoría de la democracia,1   entre 1998 y 2006, siguen recordándonos que, efectivamente, un 60-65% de los bolivianos se sienten “mestizos”; pero al mismo tiempo su último informe añade otro dato clave: los que, a la vez, se identifican como miembros de algún pueblo originario concreto suben ya al 71%. Una encuesta del PNUD, realizada en 2003 (y mucho más centrada en poblaciones de 2000 y más habitantes) cruzó ya ambas informaciones y mostró que el 89%  de los que afirmaban ser quechuas decían ser además “mestizos”, a igual que el 64% de los aymaras y el 83% de los que se consideran miembros de otros pueblos originarios.2 Por tanto, para la mayoría de ellos no hay contradicción entre sentirse miembros de un pueblo concreto y, además, considerarse “mestizos”, un término que no tiene la misma carga peyorativa del genérico “indígena” o “cholo”.


Nuestra interpretación es entonces que mucha gente gusta mantener su identidad como parte de un pueblo originario pero sin mantenerse aislada en ella sino abriéndose al resto de la sociedad, algo que supone ser más interculturales. Siendo quechuas o aymaras se consideran a la vez “mestizos”. Reconocen tener elementos culturales de diversos orígenes pero no por ello rechazan sus raíces originarias. Busquemos pues una fórmula que mantenga las especificidades distintas, sabiendo que junto con ellas comparten también mucho en común para ser parte de un mismo Estado.


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Un Estado intercultural y plurinacional, sí

Es totalmente legítimo, equitativo y saludable que, dentro del juego democrático, los grupos antes excluidos, hayan llegado a ser hegemónicos en el gobierno, por una mayoría electoral inapelable y pese a unas reglas de juego impuestas desde la otra cultura.
Es también deseable y necesario que, desde esta nueva hegemonía, la estructura del Estado adquiera un fuerte colorido multiétnico y pluricultural que antes se le había negado. Sólo así podrá ser realmente unitario e inclusivo. Debe ser un Estado que incluya por fin a todos estos pueblos como ciudadanos de primera especial, incluso con la posibilidad de diseñarlo ellos mismos en la Constituyente, como hicieron los originarios de Sudáfrica, con gran éxito y sabiduría, tras un proceso mucho más discriminante y violento que el nuestro.


Afirmado esto, en el nuevo Estado todos debemos sentirnos iguales, en nuestros derechos ciudadanos individuales, y a la vez diversos, por los derechos colectivos de cada pueblo a su identidad y con la indispensable autonomía para desarrollarla. Entonces sí podremos sentirnos orgullosos de ser parte de un mismo Estado-Nación que ha sido capaz de estructurarse con esta calidad de convivencia intercultural entre iguales aunque distintos. Y, por la capacidad de este Estado-Nación de cobijar y hasta contribuir al desarrollo de estas varias identidades colectivas y profundas de los pueblos que componemos la nueva Bolivia , seremos a la vez un Estado plurinacional.

_________________________________ 

1 Michel A. Seligson et al., desde 1998 a 2006, La Paz: USAID y LAPOP; el último con datos de marzo 2006. , pp. 13-22.
2 PNUD, Informe Nacional de Desarrollo Humano 2004, pg. 105. Nótese que sólo el 0,4% de las encuestas se aplicaron en poblaciones rurales con menos de 2.000 habitantes (pg. 249); en el Censo 2001 y en la muestra de Seligson superan el 30%.

 
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