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La
oposición padece un Profundo Complejo de Inferioridad
Jubenal Quispe
Ningún gobierno
democrático es tal sin la presencia activa de una oposición políticamente
organizada. En un régimen democrático la función que cumple la oposición es la
de fiscalizar y mostrar las impertinencias del gobierno de turno y plantear a
la ciudadanía una propuesta alternativa.
En Bolivia, luego que los movimientos sociales
e indígenas convirtieran su mayoría demográfica en una hegemonía política, las
organizaciones políticas tradicionales viven en un desesperante insomnio. A
parte de ser incapaces para explicar a sus correligionarios de la insurgencia
democrática que los humilló, se resisten a asumir los nuevos paradigmas
políticos y sociológicos emergentes en la realidad boliviana.
Todavía resuena en nuestros tímpanos la
estridente soberbia del entonces candidato neoliberal Jorge Quiroga durante su
campaña:
"Nosotros podemos, sabemos y queremos. Ellos (los indios)
no sabe, no quieren, ni pueden".
Ahora, ante las evidencias de la capacidad
política y administrativa de los "ignorantes", el "líder" de la oposición se
encuentra solitario, fundido en su sillón de cuero, padeciendo un agudo
trastorno bipolar (cambios intempestivos de carácter que va desde una
descomunal euforia hasta una depresión aterradora).
Ahora que el país vive procesos de cambios
profundos, necesitamos propuestas políticas alternativas que enriquezcan y
profundicen los cambios emprendidos. Pero, propuestas alternativas lúcidas es
lo que menos se oye en el país.
La partidocracia tradicional rearticulada en
el Senado Nacional padece de una oscuridad mental. Tanto espectáculo mediático
(incluido dinero y tiempo perdido) en el caso de los 44 contratos petroleros.
¿Para qué? Para ratificar íntegramente la propuesta del gobierno. Eso mismo
ocurrió con la resistida
Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria,
con los convenios de ayuda internacional, con la Asamblea Constituyente,
con el programa "Existo Yo, Existe Bolivia".
Se oponen sin propuestas alternativas y
terminan aceptando su incapacidad intelectual. Está sucediendo con la propuesta
del sufragio para los bolivianos/as en el extranjero, con la Ley Anticorrupción
de Marcelo Quiroga. Ningún país se merece esta calidad de oposición política.
Ante la ausencia de un liderazgo con una
visión de país desde la oposición, los comités cívicos de la menguante media
luna han intentado llenar dicho vacío. Pero estas corporaciones cívicas
politizadas por la derecha, ante la incapacidad de sus máximos intelectuales
fascistas como Antelo, Barbery, Valverde y otros, en lugar de construir
hegemonías alternativas, terminan auto aniquilándose en sus aspiraciones.
Tuvieron la oportunidad de aglutinar a un buen
sector del país con la propuesta autonómica madi
in camba, pero al haber apaleado a los constituyentes en la ciudad de Santa
Cruz, la Constituyente consensuará el tema en base a otras propuestas.
Cuantos se oponen a los procesos de cambio que
vive el país, padecen de una paranoia terminal que no les permite construir y
proponer una visión de país más allá de lo impuesto por su "gurú" político, Gonzalo Sánchez de
Lozada, hoy prófugo. Le tienen un pavor único al Indio Presidente. De re
elección, ¡ni hablar! El indio nos va a comer vivos dicen.
Con todos los medios de desinformación masivo
que tienen en su propiedad podrían hacer papilla al indio en cuestión de
segundos, pero no es posible. La alfabetización mediática ya ha comenzado en el
país. La verdad sobre los medios de "comunicación" masivo ya es de dominio
público.
Mientras los partidos políticos tradicionales,
aglutinados en la oposición y en los comités cívicos, padecen su adverso
laberinto, la fecha para las próximas elecciones se aproxima sin clemencia.
¿Qué nos propondrán? ¿La recuperación de los
recursos naturales? ¿Batalla frontal contra sus latifundios, el analfabetismo,
la corrupción, la pobreza, la discriminación, el desempleo, el éxodo boliviano?
¿La recuperación de las empresas estatales quizás? No. Eso sería un filicidio.
Estas desgracias nacionales, en buena medida, llevan los genes y la impronta de
ellos.
Pero quizás no todo esté terminado para la oposición. Necesitamos
que nos digan cómo han urdido el saqueo del país para profundizar, ahora, los
procesos de cambio. Necesitamos que nos digan cómo luchar contra la riqueza mal
habida e injusta de unos cuantos para vencer el empobrecimiento de las
mayorías.
Necesitamos saber cómo han hilvanado la
ilusión del Estado y su respectivo
Estado de Derecho, para que todos construyamos un Estado serio que responda a
la realidad policromática boliviana. Quizás sólo así se pueda superar la
sentencia de Ángel Rodríguez Kauth: "La derecha padece un profundo complejo de
inferioridad política". O el presagio de Jean Paul Sastre: "Es imposible una
buena literatura de derecha".
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