Miradas críticas: ¿Una nueva forma de hacer dictaduras?

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Balance político de una extranjera residente en Honduras

Si Alicia volviera ...

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.

Eduardo Galeano

El golpe de estado se ha dado para salvar al país del comunismo y el socialismo del siglo XXI, de dictadores como Chávez o Fidel, demostrarle al mundo que Honduras es independiente,  que no acepta intervención extranjera, además de haber sido un acto patriótico de defensa de la Constitución del país. Son las argumentaciones que una y otra vez escuchamos desde el 28 de junio, día en que se dio el golpe de estado y empieza la dictadura en Honduras. Esto unida a la palabra paz, glorias a militares y policías, llamadas a la denuncia de ciudadanos/as “revoltosos/as” y rezos y más rezos. Parece que las dictaduras del siglo XXI sólo introducen como novedad el negar que sean dictaduras, pues por lo demás no hay grandes diferencias.

Conociendo la política que llevaba el presidente depuesto Manuel Zelaya, lejos del socialismo y no digamos del comunismo, unido a que Honduras no estornuda sin el beneplácito de Estados Unidos una ya no sabe si reír o llorar ante todos estos argumentos que parecen de otro siglo.  Y es que todo parece una broma, ridículo hasta el extremo, pero funciona y la dictadura se instala ahora con un nuevo “elegido” el 29 de diciembre, Porfirio “Pepe” Lobo. Pepe no era el favorito de los/as promotores/as del golpe y llega ya avisado de que “salirse del redil”, enfrentarse a los que mandan en el país, no es recomendable. Y los/as que mandan son los de siempre: los/as ricos/as, una oligarquía de lo más rancia y conservadora, y las fuerzas armadas, que salen fortalecidas con el golpe de estado y con “deudas” que cobrarse por hacer el trabajo sucio. Es evidente que el poder a los militares se les da en un día, pero se tardará en quitárselo. Renunciar a él les supone convertirse en los cabezas de turco del golpe y las agresiones que se han dado durante el mismo, y no creo que estén por la labor.

Mal precedente para Centroamérica, para Latinoamérica, para el mundo. Cuando las barbas del vecino veas cortar…

El punto “molesto” e inesperado de la situación es el surgir de la Resistencia. Desde el inicio del golpe se crea el Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado aglomerando un gran número de organizaciones de la sociedad civil, algunos políticos/as y ciudadanía en general que empieza a movilizarse contra la dictadura. Obviamente esto fue una sorpresa, un error de cálculo de los/as cocineros/as del golpe que no contaban con un rechazo popular considerando la historia de Honduras (base de la contra en los 80 y con una sociedad civil menos articulada que en el resto de la región). En los dos años que llevo en el país nunca había escuchado tanta gente hablando de derechos, de injusticias, de opresiones. Creo que ha aumentado la formación política, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer. Se escuchan más quejas y reivindicaciones, aunque impera el miedo y una sensación de incertidumbre generalizada pues,  tras cinco meses, todo el mundo sabe la posición de todo el mundo y en Honduras, con una media de doce homicidios diarios, un/a muerto/a más es fácilmente camuflable. De hecho, en estos meses se cuentan cerca de 30 muertes asociadas al golpe, se ha denunciado el aumento de sicarios en el país y se sabe perfectamente que los servicios de “inteligencia” han estado levantando perfiles. La gente tiene miedo a que se repita lo de los años ochenta en Honduras y en otros países de la región, cuando se desapareció mucha gente ligada a movimientos de izquierda. No obstante, los organismos de defensa de los Derechos Humanos y otras redes que se han creado tras el golpe están mucho más vigilantes a lo que pasa; en general creo que todo el mundo que repudia el golpe de estado lo está y eso se convertirá en una red de seguridad. Por otro lado, los/as seguidores/as del golpe (llamo así a las personas que están de acuerdo con el mismo, que son también muchas) parecen no enterarse ni de muertes ni detenciones. Es como si viviésemos en países diferentes, en mundos diferentes.

Muchas caretas cayeron estos meses. Gente que se autodefinía como la izquierda intelectual del país, alguna viviendo de la pobreza en organismos de cooperación internacional, demostraron no tener bien claros los conceptos de derechos humanos y democracia, teóricamente imprescindibles para el desempeño de sus funciones. Otra tanta actualizó principios e ideología, algo dormidos por la vida cómoda y/o el escepticismo, y aumentó su militancia, su crítica, su compromiso.

Reconozco que a mí me ha hecho revisar muchas cosas. Creo que nos sentimos como fichas de ajedrez, en ocasiones creyendo que todo ha sido diseñado al milímetro y en otras que todo es improvisación. Digo “nos” porque, al margen de no ser hondureña, para mí vivir en un país va más allá de habitar en él; me sería imposible ser indiferente ante una situación como la actual al margen de que la vida sería más cómoda. Sabemos que, como dice Galeano, vivimos en el mundo al revés, aunque yo no había sufrido tanto la locura que impera, la avaricia, la falta de razón, hasta ahora. Considero que el seguir trabajando por la articulación de asociaciones, personas, redes que consideren que el mundo puede y debe ser diferente es una necesidad imperiosa. Durante este golpe ha sido fundamental y debe seguir siéndolo.

Sólo espero que las navidades no hagan olvidar, dentro y fuera, lo que está pasando en el país. La amnesia es un mal común en estos tiempos.