Dilma Rousseff, nueva Presidenta de Brasil

El domingo 31 de octubre en una segunda vuelta electoral Brasil eligió a la candidata del Partido de los Trabajadores (PT)  Dilma Rousseff, como su Presidenta. Las expectativas del rumbo que tomará la política de este pais, considerado como una potencia del bloque sudamericano, ya es baticinado y tema de análisis a nivel internacional.

En primera instancia difundimos dos artículos que hacen referencia a las perspectivas del papel de Dilma como flamante mandataria y el logro que representa; y como contraparte un artículo que cuestiona una posible política de subimperialismo de Brasil en Bolivia y paises de Sud América. En segundo lugar una nota con los datos de los resultados electorales, y para finalizar una visión de la personalidad de Dilma y su carrera en la política como luchadora social.

Dilma, Lula, PT: una victoria de tres

Gabriel Puricelli

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El carácter largamente previsible de la victoria de Dilma Rousseff no deja de ofrecer material para el análisis y obtiene aristas, si no inesperadas, sí inéditas. En primer lugar, aunque América latina se va habituando a la idea de mujeres presidentas electas por el voto popular, en cada país, considerado individualmente, la valla que deben saltar las mujeres sigue siendo más alta que la que tuvieron que sortear los ocupantes exclusivos anteriores de cada sillón presidencial: la llegada de la primera presidenta de la historia al Palacio de Planalto contiene ese factor democratizador adicional, y hay que destacarlo.

En segundo lugar, el PT pone por tercera elección consecutiva a alguien de sus filas en la primera magistratura, pero es la primera vez que lo hace como el partido más numeroso de la Cámara de Diputados y, por lo tanto, de la coalición de gobierno, que incluye al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que nunca había resignado su condición de primer partido desde los años de la “dictablanda”, en los tempranos ’80, cuando el régimen militar empezó a autorizar elecciones de cargos inferiores al de presidente. El fortalecimiento relativo del PT va acompañado asimismo, dentro de la coalición “Para seguir cambiando Brasil”, de muy buenos resultados para otros partidos de izquierda que la integran: el Partido Socialista desplaza del primado en número de gobernaciones estaduales al mismo PMDB.

Por cierto que, tratándose de un poder regional que va emergiendo como un decidido actor global, el análisis de los resultados debe ir mucho más allá de la ecuación de poder doméstico. Y esto no sólo por esa aspiración crecientemente realizada de un Brasil asertivo y global, sino porque la política exterior brasileña es una de las políticas públicas respecto de las que la oposición y los medios de comunicación más poderosos del país han renegado de toda idea de consenso, transformándola en blanco favorito de sus ataques. Ello incluye tanto el cuestionamiento a la construcción del incipiente eje BRIC, con Rusia, India y China, como (sobre todo) la apuesta por dar impulso a instancias regionales como la Unasur y las cumbres de países de América latina y el Caribe, de las que está excluida la única superpotencia de nuestro tiempo.

El llamado “tucanato”, representado por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y fuertemente presente en la academia y en el sector liberal de la diplomacia, se ha disociado insistentemente de las mismas iniciativas que le han ganado el respeto nuevo de que hoy goza Brasil y su presidente saliente. El propio Mercosur estaba en tela de juicio en la plataforma de José Serra, sin cuestionar su existencia, pero sí la importancia de que se transforme en algo más que un espacio de libre comercio.

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La victoria de Dilma aporta, entonces, confianza a sus vecinos de que seguirá habiendo predisposición política para afrontar los roces comerciales que sigue habiendo dentro del bloque sudamericano y, al mismo tiempo, permite que el liderazgo político y moral que Lula ha desarrollado más allá de sus fronteras se consolide y permita pensar en roles globales futuros para el inminente ex presidente.

Una mujer presidente, un instrumento político para continuar la revolución democrática fortalecida, un Brasil y un Lula con proyección global son mucho más que la crónica de una victoria anunciada. Son la culminación de una etapa de consolidación y el lanzamiento de una de profundización, donde Dilma tendrá el desafío de alcanzar metas que se propuso en su juventud revolucionaria, en su madurez de varguista de izquierda (junto a Leonel Brizola) y que se propone en su presente con la estrella del PT en el pecho.

Gabriel Puricelli, Coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net).

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/156072-50104-2010-11-01.html


Brasil eligió a su primera presidenta en 121 años de República

Telesur, 31 de octubre de 2010

Desde inicio de campaña, la candidata apoyada por el actual mandatario, Luiz Inácio Lula Da Silva, se ventiló como la favorita para el cargo de presidenta. La victoria la convierte en la primera presidenta de Brasil tras 121 años de República.

La economista brasileña, Dilma Rousseff, se convirtió este domingo en la primera mujer electa presidenta de ese país en 121 años de República, al vencer en la segunda vuelta de las elecciones con 56 por ciento de los votos a su rival de derecha, José Serra, que alcanzó 43 por ciento.

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Con 99,64 por ciento de los votos escrutados, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) ganó la contienda al sumar 55 millones 566 mil 528 (56,01%) de sufragios, mientras que Serra obtuvo 43 millones 637 mil 536 (43,99%), según lo publicado por el Tribunal Supremo Electoral en su página web.

El nivel de abstención alcanzó 21 por ciento, cuatro puntos más que la primera vuelta en la que se registró 17,5 por ciento, en un país donde el voto es obligatorio y su falta acarrea sanciones.

Para esta jornada fueron convocados más de 135 millones de brasileños. Se registraron 2,36 por ciento de votos blancos, 4,41 por ciento nulos y 93,23 por ciento válidos.

La nueva mandataria electa recibirá de manos de su antecesor Luiz Inácio Lula Da Silva, la banda presidencial el 1 de enero de 2011.

Rousseff es una economista, nacida en Belo Horizonte, estado de Minas Gerais (sureste), 14 de diciembre de 1947.

En los años 70 fue detenida por su participación activa en movimientos de resistencia en contra de la dictadura. Durante su reclusión fue torturada

Tras largos años de actividad constante en el movimiento estudiantil y militancia radical, se dedicó de manera profesional al área del sector eléctrico en el estado de Rio Grande do Sul, en donde Lula la llama para trabajar en la elaboración del programa energético del entonces candidato.

Al llegar Lula al poder, Rousseff es designada ministra de Minas y Energía a partir del 1 de enero de 2003.

Su cargo, al lado de Lula, fue reconocido por la construcción de plantas hidroeléctricas, centrales térmicas y parques eólicos a lo largo y ancho del país. También impulsó un programa de viviendas y la implementación de proyectos de telecomunicaciones.

El 20 de febrero de 2010 fue proclamada candidata presidencial por el IV Congreso del Partido de los Trabajadores y actualmente es la nueva presidenta de Brasil.


Brasil: Hacia una presidencia femenina más firme que dulce

domingo 3 de octubre de 2010

La candidata descarta impulsar demandas prioritarias de las mujeres organizadas, como la despenalización del aborto y posiciones arriesgadas en temas polémicos como el matrimonio de homosexuales.

Idealista y con ideología radical en su juventud, pragmática y de elogiada capacidad gerencial ahora, en la imagen de Dilma Rousseff, que con toda probabilidad conquistará la Presidencia de Brasil este domingo 3 o el 31 de octubre, resaltan atributos como coraje y firmeza, pero no fragilidad o dulzura.
Tuvo que llegar un cáncer linfático ya superado y detectado en 2009 para crearse una corriente emocional de los brasileños hacia esta economista de 62 años, que enfrentó la enfermedad con fortaleza y sin pausa en sus tareas. Así dicen que soportó a los 22 años las salvajes torturas a que fue sometida cuando fue detenida durante la resistencia a la dictadura.

Con fama de intransigente con los fallos, ganada por los trascendidos de duras amonestaciones a figuras del gobierno de su gran impulsor político, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, admirado según ha dicho por su capacidad como ministra de Minas y Energía y jefa de la Casa Civil de la Presidencia (gabinete), desde enero de 2003 a marzo de este año.

Esta hija de un inmigrante búlgaro y una maestra brasileña cae públicamente en la ternura en contadas ocasiones, como cuando el día 9 dibujó un corazón con sus manos al anunciar radiante que acaba de tener su primer nieto.

También subraya su sensibilidad social y en particular por la situación de las mujeres pobres, y está rodeada por un equipo de campaña casi todo femenino. Pero se distancia del feminismo y matiza la perspectiva de género en sus planes.

"En Brasil, privilegiar a la mujer no es una política de género, es una política social", dijo la candidata presidencial del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), para recordar que en el país 30 por ciento de las familias tienen al frente una mujer, 52 por ciento de la población es femenina y "el resto son nuestros hijos".

Dilma300"No se trata de crear un matriarcado, sino de darle a la mujer la importancia que tiene para la estructura familiar", insistió al relativizar lo dicho por Lula al lanzar su candidatura, cuando afirmó que con su triunfo "Brasil derrotará el machismo". Para ella, Lula "es muy sensible al tema" porque "fue criado por una mujer fuerte".


Pero la candidata descarta, por ejemplo, impulsar demandas prioritarias de las mujeres organizadas, como la despenalización del aborto y posiciones arriesgadas en temas polémicos como el matrimonio de homosexuales.

Más allá de la táctica electoral de evitar fugas de votos entre su electorado más conservador, todo indica que esa será su posición si alcanza la presidencia de Brasil en las elecciones del 3 de octubre, en primera vuelta, o en la segunda el 31 de octubre. Antes o después, su triunfo es pronosticado por todas las encuestas en esta potencia emergente latinoamericana.

En cambio prometió construir 6.000 guarderías. Pocas para un país de 192 millones de habitantes, pero una presión a los gobiernos locales a asumir su responsabilidad directa en un tema de absoluta necesidad, especialmente de las mujeres pobres, que en cantidad creciente son jefas de hogar.

Se trata de un programa social nada controversial y de comprobada eficacia en materia educación, aunque la universalización del servicio suena a utopía actualmente.

Esta pragmática Dilma –nadie en Brasil la llama de otra manera, como nadie menciona al presidente actual por otra cosa que Lula, su apodo- salvo un cataclismo gobernará este calidoscopio de geografías, culturas y problemas sociales, está en las antípodas de la idealista guerrillera juvenil.

Entonces la ideología la llevó a desafiar con un puñado de compañeros, la mayoría estudiantes, a la dictadura militar instaurada en 1964. Una lucha desigual y corta, iniciada en 1968. Tres años después la mayoría de estas guerrillas estaban exterminadas.

Solo militantes aguerridos y convencidos, como Dilma, podían sostener la lucha cuando la muerte, las torturas y la larga prisión eran el futuro más probable. Durante la dictadura finalizada en 1985 hubo al menos 358 muertos, de los que 138 siguen como desaparecidos.

En 1969, con solo 21 años, Dilma fue la única mujer entre los cinco "comandantes" de su grupo: Vanguardia Armada Revolucionaria (VAR) Palmares, en homenaje al quilombo en que se refugiaron africanos y afrodescendientes, rebelados contra la esclavitud en el siglo XVII en el nordeste brasileño.

La VAR fue uno de los grupos guerrilleros brasileños, inspirados principalmente en la revolución cubana, que protagonizaron acciones espectaculares, como los secuestros de los embajadores de Estados Unidos y Alemania, para liberar presos políticos sometidos a torturas.

La candidata ha aclarado que no participó en acción armada alguna, para neutralizar epítetos como "subversiva" que la derecha le adjudica, entre otras falsedades, como anticristiana.

En Internet hay miles de entradas que imputan a Dilma asesinatos, asaltos a bancos y atentados variados, todos datos falsos que buscan descalificarla y asustar a los 135,8 millones de electores llamados a concurrir a las urnas este domingo.

La ahora candidata presidencial fue apresada tras cuatro meses de comandancia por grupos de represión irregulares creados por la dictadura en 1969 para matar y torturar opositores. Muchos consideran su rigor actual en la jefatura de equipos como una herencia de la lucha clandestina, cuando un mínimo error conducía a la detención o la muerte.

Cuando salió de la cárcel 28 meses después, concluyó la carrera de economía, tuvo una hija con su segundo marido, compañero en la VAR y también un tiempo preso, del que se separó en 1996. Actualmente no tiene pareja.

Al finalizar la dictadura, inició su andadura como funcionaria pública. Fue secretaria de Finanzas en la alcaldía de la meridional ciudad de Porto Alegre y secretaria de Energía del estado de Rio Grande del Sur. En enero de 2003 Lula, el popular antiguo líder sindical, arribó al poder y con él llegó Dilma.

Sus éxitos en funciones hasta entonces monopolizadas por hombres y el binomio gerencial que construyeron llevaron a Lula, maestro en pragmatismo, a seleccionarla como la candidata del PT, en desmedro de dirigentes históricos. Dilma milita en el PT solo desde 2001, a donde llegó desde el a veces aliado y otras contrincante Partido Democrático Laborista.

En la apuesta de Lula algo tuvo que ver el hecho de ser mujer, porque el mayoritario electorado femenino de Brasil ha sido siempre esquivo para el PT, incluso para el presidente, pese a su popularidad.

Dilma corrigió esto. Una encuesta realizada el lunes sitúa finalmente a la candidata del PT como favorita de las mujeres, pero con 42 por ciento de la intención de voto, nueve puntos por debajo del electorado masculino.

Ese mismo sondeo, del Instituto Datafolha, tiene una mala noticia para Dilma. Pone en duda su triunfo en la primera vuelta, al situar la intención de voto para ella en 44 por ciento, aunque otro sondeo de dos días después del medidor de opinión pública más reconocido en Brasil, Ibope, le asegura una holgada mayoría y su elección este domingo. (FIN/2010)